Sinopsis del Informe

Una internet más saludable es posible

Ahora que 2020 quedó atrás, nuestro informe anual compila investigaciones e historias que buscan sugerir cómo internet podría ser más saludable en todo el mundo.

Una mirada al 2020

Durante el año pasado, más que nunca, la salud humana se vio intrínsecamente vinculada a la salud de internet. Fue un año plagado de pérdidas humanas y cargado de rápidos cambios a medida que la pandemia global y la crisis climática afligía a todos colectivamente y profundizaba las desigualdades.

Mientras que varios países establecieron confinamientos y cierres de escuelas, vimos cambios de una magnitud tal que antes hubieran parecido imposibles. El ritmo de la expansión digital, que ya era rápido, se aceleró cuando los Gobiernos, funcionarios de salud pública, empresas e inversionistas de startups – prácticamente todos – buscaron soluciones inmediatas para problemas urgentes.

Gracias a internet miles de millones de personas pudieron conectarse de manera segura con su familia, trabajar desde su casa, solicitar entregas y asistir a clases. Sin embargo, casi la mitad de la población mundial y un tercio de todos los escolares, incluidos muchos en los países más ricos, aún carecen de acceso básico a internet, computador o un smartphone.

Alrededor del mundo la pandemia dio paso a innumerables nuevas aplicaciones (apps) para localizar contactos y controlar movimientos, y nuevos usos de inteligencia artificial para tomar decisiones. Aunque algunas de estas tecnologías pueden ser confiables y útiles para limitar la propagación del virus, todavía no sabemos el alcance de sus limitaciones y riesgos. Desde las miopes políticas de privacidad de datos, al extensivo rastreo de ciudadanos, trabajadores y estudiantes, las prácticas surgidas en la pandemia tendrán consecuencias para la salud de internet que nos afectarán más allá de la crisis actual.

Ajustar cuentas con las grandes empresas de tecnología

Las siete empresas que han consolidado su poder en internet y su infraestructura vieron cómo sus ganancias subían como la espuma y su poder aumentaba a medida que la dependencia global en las “grandes empresas de tecnología” crecía con los confinamientos por la pandemia. Al mismo tiempo, políticos de varios países refinaron e hicieron ajustes a sus demandas legales contra las prácticas anticompetitivas y que minan la privacidad mediante un aumento de casos judiciales y multas.

Los trabajadores de las empresas de tecnología están alzando la voz cada vez más contra la falta de diversidad, ética y derechos, los contratos firmados con los militares y las fuerzas del orden; y el continuo impacto negativo en el ambiente. Han aparecido más informantes internos que han expresado sus preocupaciones por lo que han visto o lo que consideran imposible cambiar desde dentro. Los trabajadores independientes han comenzado a cuestionar los sistemas que los mantienen en una situación precaria, con pocas protecciones y falta de transparencia en los algoritmos que deciden sus salarios y opciones de trabajo.

La llamada “reacción negativa” contra las grandes empresas de tecnología ahora promete rendir frutos, después de años de exhaustivas investigaciones sobre las malas prácticas de las plataformas de redes sociales en particular, que incluyen el rastreo desenfrenado, la pobre moderación de contenidos, una limitada transparencia de los anuncios políticos, recomendaciones nocivas, sesgo algorítmico, evasión fiscal, fraude contra menores, acusaciones de acoso sexual y más. Alrededor del mundo, la desinformación y el discurso de odio se aceleraron por la acción humana y las recomendaciones algorítmicas, lo cual terminó beneficiando a grupos con claras intenciones de desestabilizar y polarizar a la sociedad.

Divididos pero resilientes

La pandemia se ha vuelto otro pretexto para censurar al periodismo independiente y aumentar la vigilancia. Con frecuencia, las autoridades alrededor del mundo han cerrado o reducido la velocidad de las conexiones de internet para silenciar y censurar a la oposición o lidiar con conflictos.. Defensores de derechos digitales han logrado impugnar la legalidad de los bloqueos en Camerún, India, Sudán, Indonesia y Zimbabue, pero los bloqueos pueden ser difíciles de documentar y evitar, sobre todo cuando son breves o se limitan a regiones remotas.

La llamada ‘splinternet’ (que se puede traducir como “internet dividida”) ya es una realidad, al existir una creciente restricción al acceso a grandes franjas de internet a nivel nacional, con el objeto de lograr un mayor control. También crece la desconfianza ante el hecho de que las redes sociales y las empresas de infraestructura, que pueden estar siendo presionadas por algunas agencias gubernamentales, tengan tanto poder sobre los datos y la comunicación. En esta nueva realidad, para preservar su apertura será fundamental retener la capacidad fundamental de la web de fortalecer distintas voces para que alcancen audiencias globales y derribar barreras de acceso a la información.

Para millones de personas, las conexiones de redes virtuales privadas, conocidas como VPN, son la única manera de acceder a gran parte de la web. El anonimato y la encriptación, de los cuales las personas dependen para garantizar la seguridad de sus datos y la libertad de expresión, suelen ser demonizados porque facilitan ciertos delitos. Mientras tanto, imágenes de abuso sexual de niños y mujeres siguen siendo accesibles en algunos de los sitios web más visitados y menos escrutados públicamente. Para que internet sea saludable no debe estar dominada por empresas que se benefician del abuso, la violencia, el racismo, el odio o la desinformación. Debemos seguir presionando para que las plataformas de internet asuman sus responsabilidades y fomentar el surgimiento de mejores alternativas.

Movimientos y levantamientos

A pesar de todo, internet sigue siendo un lugar donde la gente se une y crea efectos en cadena de cambio y solidaridad. En 2020, hubo masivas protestas en Hong Kong, Líbano, Nigeria, Chile, India, Polonia y muchos otros países. Las personas se tomaron las calles para exigir libertades democráticas y derechos humanos, una mayor justicia económica, protección frente a la persecución religiosa, y el amparo y trato igualitario de las personas negras.

En Estados Unidos especialmente, 2020 fue un año de ajuste de cuentas contra el racismo y la violencia policial. Para las empresas de tecnología grandes y pequeñas, 2020 significó reconocer públicamente (a menudo bajo presión) que internet es racista y que los esfuerzos realizados para promover la diversidad e inclusión en la tecnología han sido mediocres. Para los defensores e investigadores de derechos digitales existe un renovado interés en ‘descolonizar’ el campo de los derechos digitales y en apoyar a los trabajadores actuales y antiguos de empresas de tecnología para que expongan y denuncien prejuicios y racismo.

Internet no solo es utilizado para organizar, presenciar, informar, recaudar fondos y programar códigos para apoyar y defender a las comunidades; la salud de internet también está conectada, tal como un ecosistema, con los objetivos de los movimientos populares de todas partes. Más allá de la internet imaginada por las grandes corporaciones, necesitamos apoyar y desarrollar más oportunidades para la participación en línea basadas en la diversidad idiomática, el acceso abierto a ciencia, cultura, conocimiento y programación; con espacios digitales confiables y seguros para todos.

La búsqueda del equilibrio

Los adversarios de la salud de internet suelen ser también sus aliados, dependiendo del contexto. Necesitamos que los Gobiernos regulen, pero no que regulen en exceso. Necesitamos que las tecnologías sean sostenibles y que mejoren nuestra vida, pero no que bloqueen a los competidores.

Para que la otra mitad de la población mundial esté en línea necesitamos ver un aumento de la inversión pública en infraestructura para conectar a las comunidades rurales y urbanas. También necesitamos políticas que hagan que el costo de internet sea cada vez más asequible y que incluya puntos de acceso públicos en escuelas, universidades y bibliotecas. La mejora de la calidad de acceso debe incluir un mayor apoyo a la infraestructura que las comunidades tienen y operan, junto con soluciones que sean impulsadas por Gobiernos o grandes empresas privadas del sector de telecomunicaciones e internet.

Este año debemos transformar lo que aprendimos sobre las grandes empresas de tecnología en demandas precisas de reforma y rendición de cuentas que tengan presentes a  las personas que viven en el resto del mundo; y esto considerando, además, el cambio climático y el impacto de la pandemia. En parte, esto significa mantener a raya el dominio de las grandes empresas de tecnología, crear requisitos apropiados para que las plataformas frenen los flujos de información tóxica y asegurarse de que se defienda la privacidad y los derechos de los datos. También significa prestar mayor atención a la investigación y desarrollo de inteligencia artificial llevadas a cabo por las corporaciones, y a los trabajadores que están en las “entrañas” de las empresas de tecnología y que realizan muchas de las funciones que proveen experiencias integradas de los consumidores: los moderadores de contenido, trabajadores de depósitos, etiquetadores de datos, fabricantes de hardware, mineros de cobalto y litio — el trabajo “de las entrañas” que está lejos de los bocadillos gratis de Silicon Valley. Ya es hora de abordar las emisiones de CO2 provenientes de los enormes gastos de energía para sostener internet, incluidos los centros de datos y el aprendizaje automático de las máquinas de inteligencia artificial.

Este año nos llevó a aislarnos y autorreflexionar. En estos momentos tan tensos, pero también tan vibrantes te invitamos a explorar la doble naturaleza de internet, la saludable y la no saludable. Juntos, desde diferentes ángulos, intersecciones y regiones podemos trabajar privilegiando a las personas por sobre las ganancias; y la salud de internet y la inteligencia artificial confiable sobre  el control y la concentración del poder.

Destacados de este año

Nuestras historias destacadas indagan sobre “lo que se puede hacer” en tres de los asuntos más apremiantes que enfrenta la salud de internet hoy (en inglés).

Tomar acción

Lo que puedes hacer

Nuestra recopilación de investigación e historias de 2020 explica qué es clave para una internet más saludable, tomando en cuenta desde experiencias personales hasta asuntos globales. Creemos que todos pueden darle forma a internet y también que es mucho lo que se puede hacer para ayudar.

 

Lo personal

Realizar una auditoría de privacidad

Las auditorías de privacidad no son solamente para Gobiernos y empresas. La gente también debería auditar sus prácticas de privacidad. Estos son algunos consejos prácticos para protegerte y proteger a tus seres queridos:

  1. Elige un navegador para tu teléfono, tableta y computador que anteponga la privacidad. Nos inclinamos por nuestro navegador independiente y sin fines de lucro, Firefox. No tiene puertas traseras para anunciantes y está pensado para navegar de forma privada. También existen otras otras opciones que puedes probar.
  2. Revisa las aplicaciones (apps) de tu teléfono. Las aplicaciones pueden guardar cada palabra y movimiento que hagas. Recomendamos establecer límites: revisa tus configuraciones para ver qué aplicaciones tienen acceso a tu ubicación, cámara y micrófono. Investiga con quién puede estar compartiendo tus datos una aplicación, y si esta información es dudosa o difícil de encontrar, tal vez sea mejor desinstalarla.
  3. Revisa tus artefactos y enseres. ¿De verdad necesitas que tu cafetera rastree tu ubicación y comparta tus datos personales con terceros? Asegúrate de que la opción de privacidad esté incluida en el precio original, y revisa las alternativas de configuración.
  4. Mantén tus mensajes privados. Asegúrate de que eres tú quien decide quién puede leer tus mensajes usando encriptación de extremo a extremo. Nuestras empresas favoritas son las de tecnología independientes, como ProtonMail para correo electrónico y Signal para mensajería y llamadas de voz.

Presta atención a lo que compartes

  • Desinformación/Información errónea
    Cuando encuentres información errónea en línea, no la propagues. Comentar, “reaccionar” o volver a compartir (aunque sea para corregirla) hace que se le dé más atención. Mejor denúnciala directamente a la plataforma o a un grupo de verificación de datos de tu región.
  • Información personal
    Algunas cosas que parecen personales —la foto del hijo de un amigo en tu casa, tu ADN — pueden afectar la privacidad de otras personas. Pide autorización para compartir datos que afecten a otros y siempre investiga quién tendrá acceso a tus datos personales, por cuánto tiempo y si puedes recuperar tu información.

 

Lo colectivo

Involúcrate

Gracias a innumerables organizaciones locales, nacionales e internacionales hay muchas maneras de apoyar una internet saludable y cuidar los derechos digitales. En realidad son demasiadas como para enumerarlas aquí, por eso te recomendamos buscar y conectarte con grupos locales activos en los temas que te interesen: ¿Reconocimiento facial? ¿Justicia algorítmica? ¿Bloqueos de internet? ¿Desinformación? ¿Internet sostenible?

Mozilla también ofrece diversas formas de participar. Puedes postular a una beca, apoyar nuestras campañas de defensoría, o unirte a nuestro grupo de trabajo sobre creación de inteligencia artificial confiable. Además, estás invitado/a a unirte a nosotros en el Festival Mozilla que se llevará a cabo completamente en línea en marzo de 2021. El festival de este año tendrá 11 “espacios” que reunirán a personas y proyectos de todo el mundo y que incluirán temas como el cambio de poder en la tecnología, tecnología para activismo social y apertura.

También puedes unirte a proyectos de investigación colaborativos como RegretsReporter para ayudar a denunciar recomendaciones de contenido impropio en YouTube, o prestar tu voz y oídos para apoyar a Common Voice a desarrollar tecnología de reconocimiento de voz, libre y de fuente abierta en más idiomas.